Ha sido un mes muy complejo en mi vida, muchos ir y venir, muchas altas y bajas, amor y desamor, ilusión y caer de lo más alto para azotar contra la realidad.Septiembre es un mes que me gusta, ya que comienzan los cambios de clima, los vientos fuertes que te despejan la mente, las hojas comienzan a caer, con la promesa de un renacer y de que algo nuevo vendrá.
Sin embargo, este septiembre del 2009, fue distinto, no me provocó ese mood característico de toda la vida, alguien regreso, alguien se fue, algo creció, algo se rompió, algo dolió, algo hirió…
Comencé septiembre con la promesa de “sólo faltan 3 meses para que el año se acabe”; mi humor andaba extraño, demasiado susceptible, problemas en la chamba que sí tenían solución, sin embargo era complejo darle solución a ese tema, en casa no toleraba estar, no toleraba ningún comentario que me hiciera ver que estaba cometiendo algún error, me sentía frustrada, con mucho ruido mental, con ganas de correr sin dirección, con ganas de simplemente desaparecer.
El 3 de septiembre, hubo fiesta, a pesar del humor que me cargaba, ahí estaba yo, con mi mejor sonrisa, con mi mejor cara, sacando a flote mis dotes teatrales.
En esa fiesta ocurrió algo inesperado, el casado iba con la familia completa, ¡RAYOS!, ¿qué sigue? Me cuestioné, simplemente me mostré lejana, sin tanto trato con el casado, sin mirarlo una sola vez, el tiempo fue transcurriendo al igual que las cervezas, 7 mujeres conversando donde nos preguntábamos ¿qué ocurre con los hombres de hoy día?, ¿por qué no toleran a una mujer calzonuda?, ¿por qué salen corriendo tras las faldas de mamá para esconderse?, ¿por qué no valoran cuando las mujeres son libres, decididas, con metas, objetivos, independientes…?, muchos porqués hicieron aparición, preguntas que muy probablemente no tendrían respuestas claras.
Sí bailamos, disfrutamos, reímos, gozamos, comimos y también lloramos, 7 mujeres de diferentes clases, de diferentes vivencias, de diferentes edades, de diferentes…, nos cuestionábamos exactamente lo mismo.
Al dar la media noche, comencé a preocuparme de cómo iba a manejar, cómo iba a llegar a casa, si no podía mantener el paso firme y derecho; decidí enviarle un mensaje a monito, con la esperanza de que fuera a mi rescate. Sí fue a mi rescate, pero con la advertencia de “ven por mí a casa, nos escapamos un rato, dormimos calientitos y nos devolvemos a nuestros respectivos hogares”, 3 horas después llegué con él, fue extraño, ahí estaba yo contándole mi sentir de esa noche, contándole que a mi criterio manejé muy bien lo de la esposa y el hijito, contándole que no volvía a hacerlo, que no me volvería a meter con un hombre casado, él simplemente me miraba y no decía nada al respecto.
La noche paso, fue frustrante, fue….; creo que puse demasiadas expectativas a esa noche de pasión, tanto la esperé, tanto la retarde, tanto…. Que al final no fue lo que esperaba.
Al día siguiente entré en pánico, corrí por la pildorita rosa, una sobre carga de hormonas, para estar tranquila.
Quizás fue la sobre carga de hormonas que me dejó de ayudar en lo restante del mes, pues una serie de sucesos desafortunados empezó a caer.
Me lastimé la espalda, no podía ni estar sentada, ni parada, ni acostada; un dolor constante me hacía recordar la piedra que muy probablemente estaba cargando, fui al doctor, me mando medicamento, me mando una faja, me mando reposo, me mando…
Cumpleaños de mi mamá, la lleve a comer, y en la noche hubo visitas en casa; no le pareció el lugar a donde la lleve, se quejo de que no le había gustado, etc; algo más que había hecho mal.
Al día siguiente llegó mi periodo, se adelantó más de 10 días; o sea además del dolor en la espalda, también los cólicos, ¿algo más? Me preguntaba; y sí llegó algo más una migraña espantosa y un dolor del alma aún más grande.
Mi ánimo estaba muy deteriorado, mi mente y alma requerían quietud; sin embargo en la chamba organizando un evento, hicieron algunas cosas mal, lo cual me trajo más estrés, más cosas de que preocuparme y que por consecuencia me tendría que ocupar.
El casado tuvo la osadía de decirme “Tú lo permitiste, tú accediste, eras motivo de mi curiosidad”; ¿¿¿QUÉ???, pensé, pero seguí ecuánime con él, tomando la decisión de terminar lo que ya tenía que finalizar. Se fue de viaje, el día que se fue, se enojó conmigo, pues mi otra se atrevió a burlarse de él y exhibir sus temores a los aviones; lo cual trajo por consecuencia que no se despidiera de mi, ni me trajera café.
Monito, estuvo presente; pero no de la misma forma, no del mismo modo, no con la misma mirada; herí su ego, le dije “no sentí nada contigo, no me gustó tu desempeño”; sí eso hice; sin embargo necesité algunas cosas y ahí estaba atendiendo a mi llamado, pero no con la misma sonrisa de siempre, no con el mismo ánimo de siempre; algo se había roto, algo raro había pasado; no lograba entender. ¿Seguirás siendo mi septiembre? Cuestioné, ¡No ya no!, respondió.
Después de eso me enteré que había buscado a su ex, a mi antecesora después de lo que había pasado entre nosotros; mi ego se sintió herido y lacerado; nuevamente quería correr sin dirección, quería gritarle al mundo que me sentía mal, que había ruido en mi vida, que estaba tomando caminos equivocados, que buscaba amor donde no lo había, o al menos eso creo.
Gurú, estuvo ahí para escucharme, pero él también comenzó a proponer una noche pasional, que el no sería como los otros, que el tenía tiempo y disponibilidad para mí; promesas absurdas pues él tiene una hija y una “esposa” por adopción; nuevamente estaba a nada de caer en otra camisa de once varas.
Jugué unos días hasta que algo ocurrió que dije “No ya no quiero, ya no otro problema más, ya no buscar amor donde no lo hay”
Mucho ruido había en mí, necesitaba poner un alto; una amiga estuvo por más de dos años rogándome que fuera a un retiro, a una jornada espiritual; me hizo prometer que iría, cuando acepté; y acepté en julio, por cuestiones muy personales.
Ahí estaba yo, el viernes 25 entrando a una casa de monjas, para vivir mi primer retiro, mi primera jornada, mi…. ¿primera vez?.
Tenía muchas reservas con respecto a ese tipo de “eventos”, no iba con la disposición que en ciertos momentos debemos de tener, no quería oir a una bola de tipitos, diciéndome que si Dios, que si la Virgen, que si los Santos, que si los Apóstoles, que sí…
Viví dos días fuera de casa, estuve ahí, aprendiendo, viviendo y sobre todo, haciendo un alto, reflexionando, analizando, perdonándome principalmente; que no soy la gran pecadora, pero que debo de deja de ser tan dura como juez de mi propia vida, que debo de vivir, que para vivir se cometen errores, pero sobre todo que todos tenemos derecho a una segunda oportunidad para hacer las cosas bien.
Salí de ahí renovada, sintiéndome tranquila, en paz, agradecida de todo lo que hay en mi vida, de todas las personas que han entrado, de todos aquellos Apóstoles que han sido piedras angulares en mi vida. Decidí que mi pasado lo debo de dejar, aunque duela, que quiero a alguien a mi lado, pero a alguien que me acepte como soy, y yo aceptarlo tal cual es; pero sobre todo decidí dejar de ser un personaje más en el mundo, y ser una persona, ser Mariana, ser auténtica. Dejar de hacerme líos mentales, de ser tan inquisitiva cuando la vida va bien, dejar fluir las cosas, ser congruente con mi pensamiento, mi palabra y mi acción; evitar la mordacidad, ironía y sarcasmos que mi lengua expulsa con singular alegría.
Renové mi fe, mis valores, mis sueños, mis objetivos y mis metas; y sobre todas las cosas encontré esa tranquilidad que tanto me estaba haciendo falta y soy más feliz que antes; estoy enamorada de la vida como hace mucho no lo hacía; sé que la vida continuará y habrá altas y bajas; pero también sé y estoy segura que mi cristal no será tan opaco como antes.
Y que quede claro, no por esto me voy a dar a la mojigatería, ni nada de eso; simplemente quiero vivir.
Después de ese retiro, aunque ustedes no lo crean, las cosas han ido mejorando, casado y yo somos amigos, nos vemos con gusto, platicamos otra vez, no hay tanta seriedad, creo que vamos mejorando la relación de amigos. A monito, ya me despedí de él; cerré el ciclo con él, estoy mejor sin él. Mi mamá, ahí la llevo con ella; creo que hay mucho que tengo que aprender a dejar de hacer, a ser más tolerante, paciente, etc; creo que podemos volver a tener esa relación Gilmore Girls de antes, sin volver a yo caer en el yugo en el que me mantenía.
En la chamba, el evento que organicé será el viernes, por supuesto estoy invitada, tengo lady’s night el fin de semana, reunión con la jornada 8; mi agenda se vuelve a ocupar para
cada fin de semana; y así seguir viviendo, que es de lo que más ganas tengo; el dolor en la espalda se me quitó.
Y aunque haya muchas cosas que siguen sin gustarme, la gente es gente y yo soy Mariana; el mundo no va a cambiar, sin embargo YO SÍ.
Y por aquel lado de la banqueta, ¿cómo va todo?
El 3 de septiembre, hubo fiesta, a pesar del humor que me cargaba, ahí estaba yo, con mi mejor sonrisa, con mi mejor cara, sacando a flote mis dotes teatrales.
En esa fiesta ocurrió algo inesperado, el casado iba con la familia completa, ¡RAYOS!, ¿qué sigue? Me cuestioné, simplemente me mostré lejana, sin tanto trato con el casado, sin mirarlo una sola vez, el tiempo fue transcurriendo al igual que las cervezas, 7 mujeres conversando donde nos preguntábamos ¿qué ocurre con los hombres de hoy día?, ¿por qué no toleran a una mujer calzonuda?, ¿por qué salen corriendo tras las faldas de mamá para esconderse?, ¿por qué no valoran cuando las mujeres son libres, decididas, con metas, objetivos, independientes…?, muchos porqués hicieron aparición, preguntas que muy probablemente no tendrían respuestas claras.
Sí bailamos, disfrutamos, reímos, gozamos, comimos y también lloramos, 7 mujeres de diferentes clases, de diferentes vivencias, de diferentes edades, de diferentes…, nos cuestionábamos exactamente lo mismo.
Al dar la media noche, comencé a preocuparme de cómo iba a manejar, cómo iba a llegar a casa, si no podía mantener el paso firme y derecho; decidí enviarle un mensaje a monito, con la esperanza de que fuera a mi rescate. Sí fue a mi rescate, pero con la advertencia de “ven por mí a casa, nos escapamos un rato, dormimos calientitos y nos devolvemos a nuestros respectivos hogares”, 3 horas después llegué con él, fue extraño, ahí estaba yo contándole mi sentir de esa noche, contándole que a mi criterio manejé muy bien lo de la esposa y el hijito, contándole que no volvía a hacerlo, que no me volvería a meter con un hombre casado, él simplemente me miraba y no decía nada al respecto.
La noche paso, fue frustrante, fue….; creo que puse demasiadas expectativas a esa noche de pasión, tanto la esperé, tanto la retarde, tanto…. Que al final no fue lo que esperaba.
Al día siguiente entré en pánico, corrí por la pildorita rosa, una sobre carga de hormonas, para estar tranquila.
Quizás fue la sobre carga de hormonas que me dejó de ayudar en lo restante del mes, pues una serie de sucesos desafortunados empezó a caer.
Me lastimé la espalda, no podía ni estar sentada, ni parada, ni acostada; un dolor constante me hacía recordar la piedra que muy probablemente estaba cargando, fui al doctor, me mando medicamento, me mando una faja, me mando reposo, me mando…
Cumpleaños de mi mamá, la lleve a comer, y en la noche hubo visitas en casa; no le pareció el lugar a donde la lleve, se quejo de que no le había gustado, etc; algo más que había hecho mal.
Al día siguiente llegó mi periodo, se adelantó más de 10 días; o sea además del dolor en la espalda, también los cólicos, ¿algo más? Me preguntaba; y sí llegó algo más una migraña espantosa y un dolor del alma aún más grande.
Mi ánimo estaba muy deteriorado, mi mente y alma requerían quietud; sin embargo en la chamba organizando un evento, hicieron algunas cosas mal, lo cual me trajo más estrés, más cosas de que preocuparme y que por consecuencia me tendría que ocupar.
El casado tuvo la osadía de decirme “Tú lo permitiste, tú accediste, eras motivo de mi curiosidad”; ¿¿¿QUÉ???, pensé, pero seguí ecuánime con él, tomando la decisión de terminar lo que ya tenía que finalizar. Se fue de viaje, el día que se fue, se enojó conmigo, pues mi otra se atrevió a burlarse de él y exhibir sus temores a los aviones; lo cual trajo por consecuencia que no se despidiera de mi, ni me trajera café.
Monito, estuvo presente; pero no de la misma forma, no del mismo modo, no con la misma mirada; herí su ego, le dije “no sentí nada contigo, no me gustó tu desempeño”; sí eso hice; sin embargo necesité algunas cosas y ahí estaba atendiendo a mi llamado, pero no con la misma sonrisa de siempre, no con el mismo ánimo de siempre; algo se había roto, algo raro había pasado; no lograba entender. ¿Seguirás siendo mi septiembre? Cuestioné, ¡No ya no!, respondió.
Después de eso me enteré que había buscado a su ex, a mi antecesora después de lo que había pasado entre nosotros; mi ego se sintió herido y lacerado; nuevamente quería correr sin dirección, quería gritarle al mundo que me sentía mal, que había ruido en mi vida, que estaba tomando caminos equivocados, que buscaba amor donde no lo había, o al menos eso creo.
Gurú, estuvo ahí para escucharme, pero él también comenzó a proponer una noche pasional, que el no sería como los otros, que el tenía tiempo y disponibilidad para mí; promesas absurdas pues él tiene una hija y una “esposa” por adopción; nuevamente estaba a nada de caer en otra camisa de once varas.
Jugué unos días hasta que algo ocurrió que dije “No ya no quiero, ya no otro problema más, ya no buscar amor donde no lo hay”
Mucho ruido había en mí, necesitaba poner un alto; una amiga estuvo por más de dos años rogándome que fuera a un retiro, a una jornada espiritual; me hizo prometer que iría, cuando acepté; y acepté en julio, por cuestiones muy personales.
Ahí estaba yo, el viernes 25 entrando a una casa de monjas, para vivir mi primer retiro, mi primera jornada, mi…. ¿primera vez?.
Tenía muchas reservas con respecto a ese tipo de “eventos”, no iba con la disposición que en ciertos momentos debemos de tener, no quería oir a una bola de tipitos, diciéndome que si Dios, que si la Virgen, que si los Santos, que si los Apóstoles, que sí…
Viví dos días fuera de casa, estuve ahí, aprendiendo, viviendo y sobre todo, haciendo un alto, reflexionando, analizando, perdonándome principalmente; que no soy la gran pecadora, pero que debo de deja de ser tan dura como juez de mi propia vida, que debo de vivir, que para vivir se cometen errores, pero sobre todo que todos tenemos derecho a una segunda oportunidad para hacer las cosas bien.
Salí de ahí renovada, sintiéndome tranquila, en paz, agradecida de todo lo que hay en mi vida, de todas las personas que han entrado, de todos aquellos Apóstoles que han sido piedras angulares en mi vida. Decidí que mi pasado lo debo de dejar, aunque duela, que quiero a alguien a mi lado, pero a alguien que me acepte como soy, y yo aceptarlo tal cual es; pero sobre todo decidí dejar de ser un personaje más en el mundo, y ser una persona, ser Mariana, ser auténtica. Dejar de hacerme líos mentales, de ser tan inquisitiva cuando la vida va bien, dejar fluir las cosas, ser congruente con mi pensamiento, mi palabra y mi acción; evitar la mordacidad, ironía y sarcasmos que mi lengua expulsa con singular alegría.
Renové mi fe, mis valores, mis sueños, mis objetivos y mis metas; y sobre todas las cosas encontré esa tranquilidad que tanto me estaba haciendo falta y soy más feliz que antes; estoy enamorada de la vida como hace mucho no lo hacía; sé que la vida continuará y habrá altas y bajas; pero también sé y estoy segura que mi cristal no será tan opaco como antes.
Y que quede claro, no por esto me voy a dar a la mojigatería, ni nada de eso; simplemente quiero vivir.
Después de ese retiro, aunque ustedes no lo crean, las cosas han ido mejorando, casado y yo somos amigos, nos vemos con gusto, platicamos otra vez, no hay tanta seriedad, creo que vamos mejorando la relación de amigos. A monito, ya me despedí de él; cerré el ciclo con él, estoy mejor sin él. Mi mamá, ahí la llevo con ella; creo que hay mucho que tengo que aprender a dejar de hacer, a ser más tolerante, paciente, etc; creo que podemos volver a tener esa relación Gilmore Girls de antes, sin volver a yo caer en el yugo en el que me mantenía.
En la chamba, el evento que organicé será el viernes, por supuesto estoy invitada, tengo lady’s night el fin de semana, reunión con la jornada 8; mi agenda se vuelve a ocupar para
cada fin de semana; y así seguir viviendo, que es de lo que más ganas tengo; el dolor en la espalda se me quitó.
Y aunque haya muchas cosas que siguen sin gustarme, la gente es gente y yo soy Mariana; el mundo no va a cambiar, sin embargo YO SÍ.
Y por aquel lado de la banqueta, ¿cómo va todo?